Historias de la pesca en Lanzarote: el Rasán, el barco que naufragó hace más de 60 años en África

Pepe Tabares, miembro de la tripulación, cuenta a La Voz cómo sufrió aquella experiencia: "Estuvimos más de una semana en una playa"

23 de febrero de 2025 (08:58 WET)
Pepe Tabares, actual presidente de La Casa del Miedo y pescador
Pepe Tabares, actual presidente de La Casa del Miedo y pescador

La pesca fue una de las principales actividades económicas de Lanzarote que, aunque se ha visto tapada por la sombra del turismo, supuso el salvavidas de una sociedad lanzaroteña que sufría la pobreza y la hambruna. Gracias a ella, y sin olvidarse de la agricultura, muchas familias consiguieron salir hacia adelante.

El principal puerto de la isla fue el de Arrecife con el Charco de San Ginés como refugio natural contra los vientos alisios que azotan continuamente Lanzarote. Aquí atracaban algunos de los barcos que se usaban para esta actividad y fue donde se crió Pepe Tabares, pescador y trabajador de fábricas que sufrió en primera persona el naufragio de El Rasán, un barco de mercancía que unía África y Lanzarote.

Tabares creció entre barcos, anzuelos y nasas, por lo que la pesca fue algo casi innato en él. "Con 14 años, por la necesidad de aquel entonces, tuve que embarcarme en un barco que solo llevaba y traía mercancía a Cabo Blanco", cuenta.

La travesía se realizaba cada 15 días, ya que tardaban cinco días en llegar al lugar de destino, cinco días en repartir la mercancía que normalmente era sal, y otros cinco en volver de regreso a Lanzarote.

 

El naufragio

La pesadilla de cualquier marinero o pescador es que el barco naufrague y esto es lo que le pasó a Pepe Tabares y al resto de sus compañeros a mediados de la década de los años 50

Durante uno de los trayectos por la costa de África, Tabares se dio cuenta que el barco tenía una vía de agua sobre las siete de la tarde. "Subí a cenar con los demás y cuando bajé después a la sala de máquinas, aquello parecía un diluvio porque el agua alcanzó el volante", recuerda.

En ese momento, comenzó a gritar para avisar a sus compañeros que intentaron achicar el agua poniendo bombas pero sin éxito. "Llegamos a un sitio donde pudimos acercarnos y paramos el motor, lo que hizo que las vibraciones finalizaran y dejara de entrar agua", cuenta Tabares.

La tripulación pensó cómo poder taponar esa vía de agua para que el barco siguiera a flote. "Teníamos bicarbonato y cemento, por lo que lo mezclamos, lo taponamos y apenas entraba agua pero en cuanto arrancábamos volvía a entrar", declara.

Todos buscaban desesperadamente una playa donde poder encallar el barco para estar a salvo y no morir ahogados, algo complicado ya que muchas zonas de la costa de África son riscos. Finalmente, encontraron una playa donde pudieron llegar con un pequeño bote.

Los tripulantes estuvieron en la playa más de una semana donde, gracias a unos viveros de langostas, pudieron alimentarse y sobrevivir. "En el barco teníamos sedal y con el bote íbamos a buscarlo para traerlo a tierra", explica Tabares.

Después de ocho días, apareció un torrero que acudía a cada faro de la zona para revisarlos. Esa fue la luz al final del túnel que vieron todos, ya que fue quien los rescató. "Nos llevó a donde se hospedaba, a dos kilómetros de la playa, y nos dio de comer leche y carne de camella, y también pan", cuenta.

Ese pan que comieron no era un pan cualquiera, ya que estaba hecho de una forma que ni Pepe Tabares ni sus compañeros habían visto nunca. "No me olvidaré nunca cómo hizo el pan porque amasó la harina y cuando la arena estaba caliente, metió la masa en ella y le puso brasas encima. Al cabo de una hora, quitó la arena y sacó el pan", desvela.

Después de ser rescatados, estuvieron más de dos semanas en Villa Cisneros, lo que actualmente se llama Dajla, esperando para volver a Lanzarote. Luego, los militares llevaron a los tripulantes del barco a Gran Canaria para declarar sobre lo que había ocurrido. Tras el naufragio, Pepe Tabares comenzó a trabajar en las fábricas de pescado donde estuvo más de 40 años. 

 

Una conciencia que no existía hace 60 años

Hace 60 años, la vida y la sociedad era muy diferente, por lo que se realizaban muchas irresponsabilidades porque la conciencia de la población no era la misma que hoy en día. "Algunas cosas eran un peligro porque yo recuerdo salir del muelle de Arrecife en el primer viaje sin matrícula porque tenía 14 años y no tenía la edad, hoy eso es impensable", apunta.

"También recuerdo salir con agua en la cubierta del barco porque los cargaban hasta arriba de mercancía, ya estaba cargado de sal y nos pedían meter más cosas", recuerda.

Además, las condiciones higiénicas muchas veces no eran las ideales. "El agua la llevábamos en bidones de hierro y el agua a los dos o tres días estaba marrón del propio óxido de los bidones", explica Tabares.

En cuanto a la pesca, Lanzarote se ha caracterizado siempre por esta actividad, donde la corvina y el burro eran los protagonistas. Sin embargo, hace décadas, el pescado era más abundante que en la actualidad.

"Antiguamente se pescaba de forma tradicional y hoy en día hay barcos mucho más grandes que se dedican a la pesca de arrastre y más intensiva", finaliza. 

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